lunes, 3 de mayo de 2010

CUESTIÓN DE CRITERIOS. DE UN LADO Y DE OTRO

El Mercado del arte es un mundo complejo, no regulado, con bases antiguas pero en expansión dentro de la nueva economía global. Las tendencias de los últimos 20 años demuestran que el negocio no responde a pequeños garitos llenos de trastos y cuadros viejos, sino a una gama de grandes corporaciones dedicadas por entero a la investigación, financiación y promoción de valores de mercado aplicados a una mercancía sin un valor de uso determinado.
Para comprender el fenómeno del mercado del arte hay que remontarse a sus orígenes desde los tiempos de la civilización sumeria hace más de 5000 años. Entonces, un grupo de hombres se encargaba de distribuir, entre los jefes de clanes y familias poderosas, objetos y adornos traídos desde otras latitudes. Hay pruebas de que en Roma se organizaban ventas públicas de arte griego, fenicio y egipcio; utilizando el sistema de las subastas de esclavos. Todos los documentos y pruebas arqueológicas confirman, además de la existencia del artista-creador del producto artístico, la pujanza de los intermediarios como factor de crecimiento del mercado artístico. Hasta hoy esa clase ha crecido considerablemente y en sus manos se barajan los precios, las estrategias y todo el movimiento del arte mundial.
Esta conferencia va a centrarse fundamentalmente en las estructuras y niveles del mercado internacional del arte y sus versiones dentro de la dinámica económica cubana. Partimos de que el mercado del arte real, tangible es aquel que puede estudiarse a partir de estadísticas oficiales. En tal sentido solo existe un lugar donde los precios de las obras de arte se publican y se archivan: las subastas y por él se rigen las estructuras y los precios que manejan los dealers, galeristas y artistas. La subasta sucede a todos los niveles sociales. Existen subastas de arte locales, regionales, nacionales e internacionales. La mayoría de ellas tiene caracter comercial y otra parte se dedica a actividades benéficas. En ambos casos los registros de las casas subastadoras son el único recurso que existe para evaluar el estado del mercado del arte. Tanto para los compradores como para los vendedores la subasta ofrece estimados mínimos y máximos del valor de sus obras y el resultado de la venta reafirma, desmiente o sobrevalora el precio de la obra de un artista. A partir de esos resultados toda la cadena del mercado reajusta sus precios. De esa forma la subasta funciona como un mercado de valores similar a un Bolsa Comercial tradicional.
La subasta utiliza propiedades de terceros para establecer un mercado. Los vendedores y compradores no pagan impuestos por sus actos, pero si deben pagar una prima a la casa subastadora (en el caso de Sotheby’s y Christie’s tanto el vendedor como el comprador pagan el 17.5% de la última puja, el precio final será igual a la última puja más la prima del comprador). Los especialistas de la subasta fijan un estimado con mínimos y máximos dentro de los cuales debe fluctuar el precio final en el remate. Este indicador es olo una valoración inicial es una tasación aproximada. La obra puede no llegar al mínimo y sobrepasar el máximo. A la hora de poner los estimados las subastas siguen el siguiente orden:
Autenticidad de la pieza.
El estado: la conservación del objeto.
La rareza de la pieza.
La procedencia.
La asociación histórica.
La moda.
El tamaño.
La técnica.
El sujeto: el tema de la pieza.
La calidad de la materia representada.
Fuente: Augusto Uribe (director del Departamento de Arte Latinoamericano de Sotheby’s, Nueva York)
Al revisar las estadísticas ofrecidas por la UNESCO descubrimos que el negocio ha crecido en un mil porciento en los últimos 50 años y la rentabilidad está muy lejos de ser alcanzada por cualquier otra inversión o modalidad financiera conocida. El mercado del arte funciona como un muro de contención contra inflaciones, crisis, desplomes de valores industriales, guerras, estafas, atracos y robos. A su alrededor crecen las agencias culturales, financieras y de seguros, los gobiernos locales y nacionales y la mayor parte de los delitos de evasión fiscal.
La Nueva Economía derivada de la crisis petrolera de los ’70, marcó un punto de giro para el negocio. Todo el capital que anteriormente se resguardaba en Bonos bancarios, hipotecas y acciones de la industria dura se vino abajo con la caída de los petrodólares. La crisis demostró que el fin de la Era Industrial estaba cerca. Las nuevas inversiones buscaron refugio en valores impedecederos y más dados a la especulación. Una parte tomó el camino de las drogas y la otra se convirtió en colecciones de arte. La industria cultural había nacido. En unos años la pujanza del negocio del arte abrió los caminos a la música, el espectáculo y el cine. La globalización como fenómeno económico tiene como una de sus bases la internacionalización de los capitales limpios que el libre comercio del arte proporcionó durante la década de los ’80. El crecimiento de los precios por género, desde 1986 hasta el 2000 demuestran la solidez del mercado en estos momentos.
Este submundo de la economía mundial tiene leyes internas y estructuras consolidadas con el paso de los años. Si bien es cierto que el arte como mercancía capitalista nace con el Renacimiento, hay que decir que las artesanías, los muebles, las porcelanas, las cerámicas y todos los productos de la orfebrería y la joyería fueron los que iniciaron el mercado del arte mucho antes y que la obra plástica y escultórica, al convertirse en mercancía con el advenimiento de los primeros mecenas y burgueses italianos y holandeses, comenzó a distribuirse utilizando las arcaicas estructuras de lo que hoy llamamos antigüedades; sobre todo las del comercio del diamante y la porcelana, bien instaurado por los holandeses a través de toda Europa.
El manejo de la oferta determina los precios en el mercado. En cada nivel de legitimación, la obra artística duplica o triplica el precio anterior, apoyado en un trabajo promocional y de conformación de mercado que es regulado por los dealers y galeristas del mercado primario. Son muy raros los casos de un artista que saltando niveles alcance buenos precios finales o sea reconocido por el mercado secundario. Este último está conformado por las galerías nacionales y los museos locales y regionales. En el camino, la decantación que hace la demanda determina qué artistas y obras pasan a un nivel superior del mercado. Una vez reconocidos por los museos de más importancia, la obra es manejada por las galerías internacionales y comienza a participar en Ferias y Subastas que continuamente revalorizan sus precios. El mercado en este nivel tiene como clientes potenciales a los grandes museos y los buenos coleccionistas privados. En un gráfico de flujo puede leerse de la siguiente manera:Ante esta novedosa industria cultural, Cuba intenta mantener la presencia de plástica cubana dentro de los mercados del consumo mundial. En primer lugar debo aclarar que Cuba nunca hizo nada en concreto por entrar a este mercado. A mediados de los años 80 el incipiente ingreso de algunos artistas cubanos en el mundo de las grandes galerías y casas de subastas newyorkinas fue promovido por intermediarios extranjeros (de visita en la isla, diplomáticos y algunos galeristas menores) que compraban obras de cubanos a precios muy bajos en las galerías y proyectos del Fondo de Bienes Culturales o directamente a los artistas.
Algunos creían realmente en su valor patriomonial y un pequeño sector del exilio tenía cierta sensibilidad hacia el tema por su valor sentimental. Algunos dealers y galeristas, apostaron al arte cubano por la rentabilidad del negocio con el Fondo más que por el valor de la obra en sí, pues la mayoría de los cubanos que entraron a ese circuito eran poco conocidos en el entranjero, los más nombrados: Manuel Mendive, Tomás Sánchez, Pedro Pablo Oliva y José Bedia. Pero su entrada fue favorecida por el éxito que alcanzaban las obras de los pintores cubanos de la primera y segunda vanguardia, especialmente Wifredo Lam, seguido a mucha distancia por Mario Carreño, Cundo Bermúdez, Mariano Rodríguez, Portocarrero, Ponce de León y Amelia Peláez, entre otros. Y muchos pagaron bien caro el atrevimiento de llevar arte cubano de la post-revolución al centro mismo del "monstruo". A continuación ofresco una serie de sucesos que determinaron la instauración y desarrollo del mercado cubano dentro de los Estados Unidos.
1976 – Fundación del Museo Cubano de Arte y Cultura (MCAC) en Miami por Mignon Medrano.
1981 - First look : 10 young artists from today's Cuba : November, Westbeth Gallery, New York.
1982 - Rene Portocarrero, Retrospective 1940-1980, New York, N.Y.: Signs Gallery.
1982 – Los Novísimos Cubanos, grupo Volumen I. New York, N.Y.: Signs Gallery.
1982 - Cuban art, a retrospective, 1930-1980. New York, N.Y.: Signs Gallery.
1981–1988 Sotheby’s y Christie’s subastaron más de 900 obras de artistas cubanos.
Mayo, 1988 – Subastan obra de Tomás Sánchez en Christie’s.
Abril, 1988 – Subasta de Arte Cubano en el Museo Cubano de Arte y Cultura.
3 Mayo, 1988 – Atentado con bomba contra el MCAC.
18 Mayo, 1988 – El estado de la Florida retira el soporte finaciero al MCAC.
Junio, 1988 – Queman un cuadro de Mendive frente al MCAC.
5 Mayo, 1989 – Acusan a Ramón Cernuda de violar la TWEA de 1963 y confiscan 251 obras de arte cubano de su colección.
Julio, 1989 – Cernuda demanda al gobierno por violar sus derechos constitucionales.
Septiembre, 1989 – El Juez del Distrito Sur de la Florida, Kenneth Kyskamp, falla a favor de Cernuda y le devuelven las obras.
1990 – Nueva Acusación del gobierno de Miami contra el MCAC. El Tribunal Federal falla a favor de la Junta del Museo. Una bomba destruye el edificio del MCAC con 16 obras en exposición.
1990 – M. Mendive entra en subastas de Christie’s.
Marzo, 1991 – Sandra Levinson gana un caso similar en el Estado de New York. El juez utiliza el precedente del caso Cernuda para fallar a favor de Levinson.
1992 – Expo. Personal de P.P. Oliva en Sindin Gallery, N.Y.
1993 – P.P. Oliva entra en subastas de Christie’s.
1994 – N. Domínguez entra en subastas de Christie’s
1997 – R. Fabelo entra en subastas de Christie’s.
1998 – Kcho entra en subastas de Christie’s.
1999 – Fabelo, Oliva, Kcho y Novoa entran en la subasta de Sotheby’s.
El llamado boom de la plástica cubana se debe más a un magnífico manejo del mercado de las subastas y al trapicheo fácil de la década del 80, que a una justa valoración del arte cubano por los coleccionistas. En medio del caso Cernuda, la Vice-presidenta de Sotheby’s N.Y, Diana Levitt aseguró: "No ha surgido ningún alza repentina en el valor de las pinturas cubanas" (...)"el mercado del arte cubano es muy limitado y la mayor parte se vende a través de dealers o mercaderes". Para una institución que mueve precios en un orden superior a un cuarto de millón de dólares, los inestables precios en torno a los 100 mil y menos, del arte cubano no son ni serán jamás un boom. En ese sentido, el arte cubano es el mejor ejemplo de la volatilidad de este mercado y su disposición a ser usado para la especulación y el lavado de dinero. En algunos momentos las obras de artistas cubanos ocuparon hasta el 40% del total de los lotes subastados en Christie’s y Sotheby’s. Sin embargo, en la tabla de precios finales (remate) unas pocas piezas de arte mexicano, colombiano o chileno acaparaban el monto mayor.
El mercado siempre reconoció el alto nivel del arte cubano, pero nunca ha estado dispuesto a pagar mucho por él. La razón, los precios del arte cubano no se sostienen porque no hay un coleccionismo interno fuerte que responda por la inversión. La compra-venta ilegal hace que los precios de un mismo autor varíen considerablemente, por lo que la especulación del valor de mercado de las piezas se dificultad mucho y el coleccionista teme que su inversión se desmorone. Por otro lado, los escandalosos casos de obras falsas o de falsas certificaciones han provocado que en los últimos años las casas subastadoras y hasta los compradores tengan muchas dudas a la hora de incluir una obra cubana en su colección. A esto hay que sumarle el despojo de nuestras colecciones nacionales privadas y estatales que se mantuvo sin variación hasta los años 95-96. Las gráficas siguientes muestran el comportamiento de los precios en subastas de un grupo de artistas cubanos. Han sido escogidos los que más estabilidad tienen en subastas. Otros artistas como Mariano, Portocarrero y Amelia tienen precios muy buenos, pero los especialistas tienen dudas sobre muchas de las obras de estos artistas vendidas en subastas por considerar que son falsas.
Es probable que algunas piezas de estos artistas se venda por encima de estos precios, pero en el mercado del arte el valor máximo se toma de la subasta por ser el único lugar con estadísticas confiables e imparciales. Como se puede ver, los precios más altos los tienen obras de artistas que viven fuera de Cuba o que ya murieron. Desde dentro es más difícil el acceso a todas las bondades del mercado. Pero como dato curioso vean que el menor precio alcanzado (9750 dólares por una tela de aproximadamente 1 metro cuadrado) corresponde a Nelsón Domínguez, lo que se traduce en precios mucho más bajos para el resto del mercado nacional. Así que resulta casi imposible que dentro de Cuba, e incluso fuera, un artista cualquiera pueda vendar una obra similar ni siquiera en la mitad de ese precio. Por regla general, los precios del resto del mercado cubano no deben sobrepasar los 4000 dólares el metro cuadrado de tela para los más reconocidos nacionalmente. Y la inmensa mayoría difícilmente alcance la cota de los 1000 dólares el metro cuadrado.
La gráfica también deja ver otro punto importante en el manejo de la obra de arte para el mercado internacional: todos los artistas incertados en el gran mercado han sido muy promocionados y valorados por los circuitos nacionales del arte y por la crítica local. Mucho antes de acceder a las subastas, todos ellos tenían numerosas muestras en el país y el extranjero y varios premios importantes. Incluso, Roberto Fabelo solo fue admitido en una subasta luego de ganar dos premios en dibujo y acuarela en las Bienales de Cleveland y Viña del Mar en los primeros años de la década de los ‘90. La hoja de vida de todos ellos era enorme cuando el mercado internacional los aceptó. Tomás Sánchez contaba que cuando fue a la primera entrevista con el director de Marlborough Gallery (la más importante transnacional del arte), se encontró con un gran file que contenía toda la información sobre su vida y obra desde que era estudiante, incluidas fotos de las exposiciones que había realizado hasta esa fecha, dentro y fuera de Cuba. Quiere decir que el mercado sí trabaja, aunque aparentemente no se vea. Cada dealers, galerista o marchante conoce lo que sucede en cada país y tantea el mercado en función del desarrollo del artista y su obra. Sí cuenta, y mucho, lo que sucede con un artista en el circuito local y nacional.
Además de los artistas mencionados, otros han asomado su obra en el gran circuito sin buenos resultados. Es el caso de Zaida del Río (Gary Nader, 1999), Glexis Novoa (Sotheby’s, 2000) y Armando Mariño (Gary Nader, 1999). En los dos primeros las obras subastadas no se vendieron, Armando Mariño logró vender la obra en un buen precio, pero resultó evidente el apoyo de la galería con que trabajaba en Europa y el mercado detectó el engaño. Resultado: la obra de Mariño no se ha visto jamás en una subasta y muy pocas veces en ferias importantes. El colmo fue que el joven Armando Mariño en medio de la puja de su obra comenzó a tomar fotografías de las personas que levantaban la paleta.
El mayor obstáculo ha sido le errada política económica cubana que intenta centralizar la exportación de obras de arte, acción que no permite el mecenazgo, el patrocinio ni el movimiento libre de mercancias y que ha proporcionado el saqueo, los bajos precios y la especulación fácil. A diferencia de otras ramas económicas que se han visto favorecidas con la creación de empresas y corporaciones que compiten entre sí por una parte del mercado; el FCBC, única empresa cubana dedicada a vender arte, tiene que encargarse de todos los géneros, todos los mercados y el financiamiento central que le otorga un ministerio
Con la creación reciente del Proyecto Génesis se ha intentado algo, pero no mucho. Genésis y sus galerías es otra megaempresa sin un mercado establecido, sin apoyo financiero fuerte y lo peor, sin artistas de primer nivel que trabajen con ellos para el mercado internacional, pues la mayoría ya trabajan con empresarios extranjeros. El ciclo actual del movimiento de la oferta en el mercado de arte cubano es el siguiente:
Hay que sumar la falta de una buena legislación en materia de exportación e importación de bienes culturales y la falta de créditos cubanos en el extranjero que impiden a la empresa nacional ocuparse del comercio y valoración de la obra artística. Y finalmente el descrédito de nuestro Museo Nacional y de la oficina de Patrimonio Cultural que permitieron durante años la salida de obras sin prever el daño que hacían al mercado. Todavía aparecen por ahí obras mal pagadas, robadas, falsas y hasta certificadas que rompen todo el trabajo de un artista o empresario en cuestión de minutos. Al preguntarle sobre la posibilidad de que Cuba y sus instituciones tuvieran algo que ver en los manejos del arte cubano en los EE.UU Ramón Cernuda dijo: He estado presente en todas las subastas desde 1981 hasta la fecha, con excepción de una, y nunca observé la huella del FCBC en lo que por allá sucedía. Lo que si pude observar es que la estructura cultural del país no salió a defender a la pintura cubana cuando empezaron a inundarse las subastas de obras falsas. A excepción de la obra de Lam que fue defendida por su viuda, los otros artistas cubanos (Portocarrero, Amelia, Víctor Manuel, Carreño, Ponce, etc) fueron masivamente falsificados y vendidos en subastas sin que nadie en aquellos años dijera una palabra desde La Habana.(...) . Según mis cálculos hay más de cien obras cubanas falsas catalogadas y subastadas en Nueva York desde 1991 hasta la fecha.
El mercado del arte es más que cifras redondas. Aquí se suma el aparato promocional que suelen montar las Ferias y las grandes muestras internacionales. El costo de participación en cualquier feria es enorme y por lo tanto elimina a la mayoría de las galerías del mercado primario que no pueden acceder a un stand decoroso en una feria internacional como ARCO, ART MIAMI o ART BASEL. Casi todos los artistas cubanos trabajan con galerías de este nivel o menor. El otro punto es el acceso a la publicidad pagada en revistas especializadas en Arte. Algo costoso también y en los pocos casos en que un cubano apareció con su obra, se debe fundamental a proyectos de exposiciones muy importantes. La mayor parte de las veces la publicidad no sale de la prensa local o no hay promociones de ningún tipo.
El mercado, entonces, no es aleatorio, ni imprevisible. Los que conocen el mundo real del arte pueden atisbar y apostar por un artista o mercado determinado y logran obtener resultados. En ningún caso estas apuestas se hacen a ciegas. El filón del arte cubano fue descubierto por marchantes y dealers que apostaron a que los cubanos ricos de Miami iban a comprar cultura cubana y luego estos nuevos coleccionistas se encargaron de apoyar esa idea. Entre las mejores 200 colecciones del mundo, según la revista Art News, se encuentran también los dos mejores coleccionistas de arte cubano. Uno de ellos, el Sr. Carlos M. De la Cruz vive en la Florida y está entre los primeros 20 coleccionistas más importantes del mundo (según la revista ARTNEWS, aunque su colección incluye obras de otros latinoamericanos y también arte contemporáneo americano y europeo). Estuvo involucrado en la fundación del Museo Cubano de Arte y Cultura, y por ende en el montaje del aparato publicitario y financiero que llevó el arte cubano a las subastas newyorkinas. Luego aparece el Sr. Isaac Rudman, dominicano. Fuera de esa lista, al menos otros 120 coleccionistas poseen colecciones menores, pero muy importantes, de arte cubano en La Habana, Miami (el fiscal del caso Cernuda estimaba en 100 el número de colecciones de arte cubano con 100 piezas o más), Dominicana y Puerto Rico. Pero todavía no tienen la fuerza, ni la unión de los coleccionistas del arte mexicano que lograron en los ’80 establecer la primera subasta de arte mexicano en New York y que sería el antecedente de las actuales subastas de Arte Latinoamericano de Sotheby’s y Christie’s.
El mercado nacional (y hablo del mercado interno, de la isla más el externo, de todo el exilio) tiene que ser fuerte, poderoso y coherente en el diseño de estrategias para que nuestro arte salga adelante. Sin el apoyo financiero, legal y publicitario de los dealers y galeristas en el extranjero y la promoción de valores de nuestras instituciones; el arte cubano puede comenzar a declinar en importancia. La plástica colombiana, chilena, venezolana y argentina han crecido tres veces más en los últimos 10 años que todo el mercado cubano en 20. Y el número de coleccionistas se mantiene casi igual. Con o sin bloqueo, la estructura económica y financiera del país no permite la proliferación y el desarrollo de colecciones privadas que, a su vez, apoyen y revaloricen la obra de arte. Ni siquiera el Museo Nacional está en condiciones de fomentar su importante, pero obsoleta colección. Por lo tanto, los años venideros dependerán del esfuerzo mancomunado de todos los cubanos interesados en el arte, sea como vía de disfrute espiritual o como negocio financiero. La reciente controversia sobre el caso de las obras falsas en subasta, publicada en la revista ARTNEWS, ha demostrado que el diálogo entre las partes y la toma de decisiones colectivas son importantes en el manejo del arte. En virtud de este acuerdo el número de obras falsas en el mercado ha disminuido considerablemente en los dos últimos años.
Nuestro mercado depende y seguirá dependiendo de lo que puedan hacer los coleccionistas en el extranjero y, sobre todo, los cubanos que dentro y fuera de Cuba compran arte cubano. Ni artistas, ni funcionarios pueden olvidar que el mercado del arte es para una élite económica. El consumo de la obra artística, su disfrute espiritual es otra cosa; tema para otra conferencia.


CUESTIÓN DE CRITERIOS. DE UN LADO Y DE OTRO Cuba en el Mercado del Arte Lic. Oscar Llanes Gómez
Director: Tony Pita/ Editores: Yuray Tolentino, Maritza de la Uz, Ricardo Velazquez, Elier Gonzalez Diseño y realización digital: Yosleiby Fdez (Yoslo). La Habana , Cuba. 2010.
www.plasticahabana.cult.cu

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